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Viernes 16 de octubre: ése fue el día que la vida de Rodolfo cambió.
Todo comenzó con un disgusto con sus padres, pues no le compraron el
Wii que él quería. –¡Los odio, ustedes no me quieren! Mi vida es una basura, ¡me quiero morir! –Ésas fueron sus
palabras antes de irse a la escuela.

¡Nuevo!
Como todos los días, Nora se encontraba
muy ocupada acomodando la mercancía que acababa de llegar. Se trataba de una donación de artículos de antigüedad que se iban
a subastar al siguiente día en beneficio del orfanatorio de la ciudad.

¡Nuevo!
El atardecer se aproximaba, mi reloj indicaba
las 5:37 p.m., y él disfrutaba acostado al lado de un árbol del parque. Se veía tan cómodo, tan relajado, mientras que yo
desesperado, enojado, incluso estresado, sentado en una banca con mi laptop, trataba de terminar ¡TODO! el trabajo
que tenía.

Viviendo el arco iris
Mariela Castillo Cota
Había una vez un mundo original y sin igual, donde vivía todo tipo de criatura: unicornios,
dragones, gatos, perros, ornitorrincos, libélulas, hipogrifos, enanos, elfos, hadas, mariposas, pegasos y muchos, muchos más,
que hasta algunos son difíciles de imaginar, y sin embargo los hay.
Y cada ser representaba un color. Aunque parezcan pocos, no es así. Colores hay una infinidad.
Estaban el rosa-rojo, azul-verde, morado-amarillo, rosa salmón, verde hoja de abedul, azul
cielo, azul reflejo del cielo (también llamado azul mar), etcétera.
Sin embargo, los principales tenían algo que los diferenciaba de todos los demás habitantes:
representaban valores.
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Había una vez dos amigas llamadas Laura y Luisa, que eran amigas de toda la vida. Desde
pequeñas habían estado juntas: fueron a la misma escuela, mismos cursos, en fin, siempre estaban juntas.
Un día Laura estaba platicando con su amigo Pedro y le estaba contando de unos problemas
económicos que tenia Luisa; al enterarse de esta situación se había sentido mal por ella y comenzó a ver la manera de ayudarla.
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